La urgente reingeniería institucional.

Rodolfo Torres Velázquez

Andrés Manuel López Obrador inaugura su etapa de presidente electo
con altos índices de confianza en un horizonte de retos colosales.

De acuerdo con la encuesta de “Consulta Mitofsky” el resultado electoral produjo alegría al 62.4 por ciento, felicidad al 62.7, satisfacción al 60.1,
tranquilidad al 59.6, y confianza al 59 por ciento. Con elevadas expectativas de mejora en seguridad (65 por ciento), en economía (67.4), y en política (64.8). El 61.1 por ciento espera que el cambio ocurra prontamente, en el lapso que va
de un mes a un año.

Los desafíos en materia de seguridad, desigualdad, corrupción e
impunidad tienen raíces profundas y habrá que comenzar por reconocer que no son calamidades anecdóticas o episodios puntuales y aislados del paisaje nacional, que se resolverán sólo con demonizar y exorcizar a algunos culpables. Existen estructuras y mecanismos, muy eficaces, que los reproducen y preservan. A la par, debemos aceptar que los instrumentos institucionales con los que ahora cuenta la sociedad no sólo han sido ineficaces, sino que, en diversas ocasiones, han desatendido su finalidad superior y, algunos de ellos, han pasado a formar parte de esos mecanismos perversos. Es por ello indispensable y urgente un rediseño institucional.

Las instituciones son instrumentos esenciales de los que se ha dotado la
sociedad para, al margen de los cambios de gobierno, asegurar su salud y vigencia en un horizonte temporal que va más allá del ejercicio de un periodo
de gobierno. Su finalidad última es que, con apoyo en los instrumentos que la ley les confiere, todos los miembros de una sociedad tengan un trato equitativo, en materia económica, política y de justicia.

La reingeniería institucional requerirá de un trabajo detallado y
cuidadoso. La complejidad del proceso lo amerita y deberá enriquecerse con
todas las perspectivas. Aunque sabemos, con base en la experiencia reciente, qué tipo de instituciones hacen daño al país: aquellas que se doblegan al interés privado frente al público, que son extensiones de intereses partidistas, de individuos, o de grupos políticos, que se encuentran integradas por burocracias ocupadas en ampliar sus privilegios, y las que, conducidas por quienes se dotan a sí mismos de un aura que les exime de responsabilidad pública, les exenta de rendición de cuentas y les ubica por encima de otros poderes públicos legítimos.

Las instituciones son artefactos esenciales para la salud de nuestra
sociedad. La situación lamentable en la que se encuentra la mayoría de ellas amerita una intervención inmediata, a la vez prudente y cuidadosa.

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