Para una verdadera transformación: participación ciudadana.

Rodolfo Torres Velázquez

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador fue arrollador. Obtuvo más del 53 por ciento de los votos; el mayor porcentaje obtenido, en una elección presidencial, desde hace 30 años. Venció a una dura oposición que lo confrontó con virulencia, organización y bastos recursos.

En contra de lo esperado, gracias a la significativa participación ciudadana, a la extendida distancia entre el primero y el segundo lugar, y a la prudencia de destacados actores políticos, estamos siendo testigos de una tersa transición política.

El elevado número de votos que obtuvo revela, por otra parte, las altas expectativas de sus votantes. Su esperanza es que se transformen, radicalmente, las condiciones de pobreza, de violencia, de corrupción, de impunidad, de falta de empleo bien remunerado y, en general, de desigualdad, que privan en nuestro país.

No hay duda de que, para evitar ser flor de un día, habrá voluntad para cumplir las ofertas de campaña. Sin embargo, sabemos, la obcecada realidad no se somete a la mera manifestación de la voluntad humana. En particular, para combatir esos flagelos, es indispensable contar con estrategias claras y sensatas que, una vez puestas en marcha, hagan factible la materialización de los anhelos.

Toda estrategia, para ser viable, debe partir de premisas de finitud de recursos y de la existencia de restricciones. En cuanto al primer rubro, ningún país puede partir de la base de que tendrá acceso ilimitado e inagotable a recursos naturales: agua, energía, clima favorable, alimentos, fertilidad de suelos y ausencia de catástrofes naturales. En cuanto al segundo, debe tener presente el estado actual de sus signos financieros vitales: deuda, inflación, productividad, ahorro y estructura fiscal; de sus condiciones sociales: seguridad, discriminación, educación y grado de desigualdad en los intercambios; de su entorno político, tanto externo: ubicación geopolítica y persistente ofensiva contra gobiernos autodenominados de izquierda; como interno: debilidad de nuestro sistema de partidos, un reforzado entorno de exigencia social, conformación de los poderes legislativo y judicial, deteriorada salud de las instituciones públicas autónomas (con la notable excepción del Banco de México), existencia de una férrea oposición política, y la subsistencia de un ancestral e inercial entramado constitucional y legal.

Una vez ponderadas las premisas, formuladas las estrategias, elaborados los planes y dimensionadas adecuadamente las metas, que será factible alcanzar en este corto lapso de gobierno, debe informarse a la sociedad, con veracidad, claridad y sin aderezos, respecto a la forma en que podrán superarse los desafíos. Es indispensable, pues, la energía social a favor de un cambio, que se ha revelado en este proceso electoral, es esencial para transformar nuestra vida pública.






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