Todos a votar.

Rodolfo Torres

La actuación parcial de autoridades en los tres niveles de gobierno, la violencia que sega la vida de candidatos, la disminuida credibilidad de las autoridades electorales, así como el agudo encono entre los contendientes, son factores que nublan el horizonte electoral. Frente a ello, la participación ciudadana puede poner a flote un barco que, por ahora, parece a la deriva.

 

Para que la elección arribe a buen puerto es indispensable que todos los implicados asumamos cabalmente nuestras responsabilidades.
Quien ocupe algún cargo público, no debería canalizar recursos públicos para beneficiar, o perjudicar, a cualquier partido o candidato.
Quienes tenemos acceso a una tribuna pública, coadyuvamos a la paz social cuando expresamos nuestra opinión con pleno respeto a la dignidad de las personas y cuando prescindimos de palabras de odio que intimiden o denigren a quienes piensan diferente.


La autoridad electoral debe organizar las elecciones y garantizar que los ciudadanos ejerzamos libremente nuestro voto, sin amenazas ni chantajes, y que nuestro voto sea, además, cabalmente respetado.
Partidos y candidatos, por su parte, tienen la obligación de no buscar ni obtener primacías abusivas haciendo uso de resquicios legales, ni de compadrazgos, ni de prácticas fraudulentas.
Pero somos los ciudadanos quienes podemos fortificar nuestra vida pública si acudimos, en absoluta mayoría, a votar a las casillas.
Debemos hacerlo por varias razones. La primera, porque nuestro voto cuenta. El voto mayoritario es el que decide el resultado de la elección.
La segunda, porque al cobijo de la mampara en la casilla, el voto de cada ciudadano, ejercido en secrecía y en libertad, vale lo mismo. En ese espacio no hay lugar a la superioridad ni a la subordinación. Una persona, un voto.
Pero la razón primordial es, quizá, que al votar ejercemos una acción personal que nos dignifica; la participación en la elección significa el reconocimiento de que podemos tener opinión, de que esa opinión es valiosa y ha de contar.
La presencia de una absoluta mayoría ciudadana en las casillas en estas elecciones será fundamental porque emitirá un mensaje inequívoco, claro y contundente, de que debe respetarse el resultado de las elecciones.
Será también crucial porque la participación ciudadana, masiva y libre, sirve para combatir a quienes minan la libertad del voto vía la compra y la amenaza a los ciudadanos.
En todas las elecciones la voz que debe dominar es la de las y los ciudadanos libres.



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